La impronta de un maestro
Imborrable ha sido la impronta que Kapuscinski ha dejado en el periodismo polaco y en el reporterismo mundial. Su filosofía, tal y como destacó Malgorzata Kolankowska, periodista y profesora WSF, consistía en otorgar la supremacía del reportaje a las fuentes. Retratarlas del mejor modo posible para que el lector las viera, las sintiera y se intoxicara de su forma de ver la realidad. Leer más…
El devenir de la historia
¿Qué diferencia hay entre un autócrata que controla la información de forma descabellada y una cadena autonómica que se niega a hablar de hechos de corrupción política no tratando el tema? Leer más…
Un gran reportaje
Materializar en una novela los resultados de una investigación periodística es una gran hazaña que conlleva un gran riesgo. El riesgo de publicar un libro perteneciente al género que el brillante Truman Capote denominó non fiction novel reside en preservar los auténticos valores del periodismo. Es decir, escribir la verdad mostrando un abanico de visiones y fuentes contrastadas que refuercen la tesis final del autor es una tarea realmente difícil.
Tal vez, el éxito de El Emperador de Ryszard Kapuscinski resida en su selección de los detalles, en su acurada dramatización para mostrar la realidad y en la exaltación de la figura de sus fuentes. Leer más…
Activismo periodístico
Hablamos de un tema muy, muy, muy complejo. La violencia de género debería tratarse en los medios con la misma cautela que el terrorismo. Es terrorífico escuchar en los informativos aquella coletilla todos los días: “la ha matado y el asesino tenía una orden de alejamiento”. Hoy sólo son noticia las mujeres que mueren. Y, evidentemente, esto ayuda muy poco a aquellas que se sienten amenazadas. Los medios deberían mostrar que hay una salida para la violencia de género, y a las mujeres que han conseguido superarla. Leer más…
Tendiendo una mano a los profesionales
Hace unas semanas, Míriam Quesada, una emprendedora periodista de Tele Elx que se ofreció con gran entusiasmo a colaborar en nuestro proyecto, Carrús. Més que un barri, me comentó lo siguiente cuando le pregunté acerca de la situación del periodismo contemporáneo:
“Mientras estudiamos periodismo, queremos escribir y transmitir la verdad. Y al llegar al mundo laboral, nos encontramos al servicio de una empresa, una ideología e incluso de un partido político”.
Por suerte, hoy hay organismos que tienden una mano a los profesionales, que luchan por nuestro principal objetivo: sentirnos orgullosos de nuestro trabajo y hacer periodismo de verdad. Leer más…
El periodismo, más que un negocio
Que estamos ante una nueva era en cuanto a información periodística se refiere no es nada relevante a estas alturas. Pero siguen habiendo otros aspectos incluídos en el cambio mediático sobre los que, tal vez, no nos hayamos parado a reflexionar. Más allá de renovar los esquemas tradicionales de las grandes empresas periodísticas, la era digital trae consigo un nuevo principio fundamental: el periodismo concebido como algo más que un negocio, como un servicio a la sociedad. De este modo, mientras las grandes empresas de la información intentan renovar la economía que les permite sobrevivir, está surgiendo otra corriente de forma paralela que convierte al periodismo en un servicio a los ciudadanos que no pide nada a cambio, que funciona como una ONG. Leer más…
Más que receptores
Aunque todos sabemos que internet ha transformado hasta límites insospechados el concepto de comunicación, pocos de nosotros reflexionamos acerca de las estrategias que la nueva tecnología plantea. Tras analizar el impacto que la red ha ocasionado en la sociedad, llega el segundo paso: conocer las herramientas que permitan al periodismo ser la propuesta que los usuarios buscan en internet, es decir, seguir dominando el mundo de las telecomunicaciones. Leer más…
El “infotenimiento” aburre
Muchas veces los periodistas olvidan que tienen un compromiso con el receptor. Este compromiso consiste en, a parte de comunicar información veraz, hacer atractiva y sugerente esta información para el público. Sin embargo, de nuevo la guerra de las audiencias ha deteriorado otro de los elementos más importantes del periodismo: el compromiso y la relevancia.
Programas como el que vemos en este video, que consisten en tertulias o entrevistas con personajes que desvelan “secretos” de los famosos (carentes de interés público), abundan hoy en nuestra parrilla televisiva. Estos espacios pertenecen a la nueva categoría denominada infotenimiento. Los directores, que justifican la prensa amarilla como el reclamo de los televidentes, aluden siempre a los resultados de los índices de audiencia.
Sin embargo, Kovach y Rosenstiel han acabado demostrando que “atraer a los telespectadores por medio tan sólo del entretenimiento fracasa como estrategia de negocio a largo plazo”. Un estudio de Project for Excellence in Journalism realizado entre 1998 y 2000 demostró que dos de cada tres cadenas que ofrecieron programas informativos de mayor calidad mejoraron sus índices de audiencia. Y si nos remontamos a los periódicos supervivientes de las guerras de prensa de los años sesenta, observamos que los triunfadores fueron los diarios serios como el Washington Post, el New York Times, el Philadelphia Inquirer o el Boston Globe.
Por lo tanto, puede que el infotenimiento deje huella en los índices de audiencia en un momento determinado, pero esto a largo plazo puede provocar la destrucción de la autoridad del medio informativo, que a su vez, verá reducida la audiencia en sus programas informativos por la desconfianza generada.
Llegados a este punto, es necesario hacer una reflexión. ¿Cómo recuperar la confianza del receptor en el compromiso del periodista? En primer lugar, sería necesario separar el infotenimiento de la auténtica labor del periodista, la información propiamente dicha. Cuando mezclamos el concepto de periodismo con los programas como el que acabamos de observar, los resultados pueden ser desastrosos. A continuación, se debe buscar el atractivo del verdadero periodismo, es decir,el punto sugerente de la veradera información. Ésta debe entretener, por supuesto, pero rechazando las técnicas del infotenimiento.
Kovach y Rosenstiel proponen recuperar técnicas como el cuidado del lenguaje y la narrativa, el relato de experiencias, la imaginación o el método pregunta-respuesta.
Solamente recuperaremos la confianza del público si separamos el infotenimiento del periodismo atractivo, sugerente y entretenido.
La “cultura” de la polémica
En estos días todos nos encontramos, a ojos de los medios, en un extremo del espectro de opininión o en el contrario. Somos pro abortistas o antiabortistas. Estamos a favor del libre comercio o somos proteccionistas. Somos pro sector privado o preferimos una economía dirigida. Somos machistas o feministas. Pero en el mundo real, pocos de nosotros encajamos en puntos de vista tan extremos. Existe, en cambio, un amplio abanico de opiniones.
Así definía Michael Crichton lo que conocemos como la nueva cultura de la polémica. En un momento histórico que debería permitir más que nunca la participación de los ciudadanos en la información, debido a la revolución tecnológica, uno de los elementos más importantes del periodismo está en decadencia: el periodismo como foro público.
El video que acabamos de ver es un claro ejemplo de ello. La Noria, de Telecinco, es uno de los programas que nutre los límites de audiencia con confrontaciones radicales que no identifican a los ciudadanos. Esto provoca que los espectadores, en vez de interesarse por los temas de actualidad y someterlos a debate, estén pendientes de las discusiones y rivalidades de los contertulios. Prueba de ello son los mensajes de texto que envían los tespectadores, que, en vez de opinar sobre los temas políticos del debate, mandan saludos a sus amigos o insultan a los colaboradores.
¿Y por qué ocurre? La respuesta no es el todo por la audiencia, sino el bajo coste de estos programas. La parrilla televisiva está repleta de tertulias y debates porque cuestan mucho menos que elaborar reportajes de investigación.
De este modo la cultura de la polémica está vetando a los ciudadanos de un derecho que les debería proporcionar el periodismo: la capacidad de opinión. Se está perdiendo, como bien afirmaba Crichton, el abanico de posibilidades que debería ofrecer la prensa dando paso a unas posturas radicales con las que los espectadores no se identifican. Hoy somos o rojos o azules.
Como bien afirman Kovach y Rosenstiel, ¿estamos en el principio de la era de la ignorancia? ¿Podremos salir de esta espiral o el debate acabará sirviendo solamente para reforzar prejuicios e ideas preconcebidas?
Sólo los profesionales de la información tienen la respuesta.
La pérdida de la investigación
¿Es el periodismo de investigación un género en desuso? Como trazábamos en entradas anteriores, la función democrática del periodismo, es decir, la vigilancia y control del poder por parte de los informadores, alcanzó su esplendor a mitad del siglo XX, con referentes como el caso Watergate.
Sin embargo, a día de hoy, la investigación periodística atraviesa un momento de debilitamiento progresivo. Kovach y Rosenstiel, analizando un estudio de magazines informativos norteamericanos, observaron muy de cerca esta pérdida del papel de vigilancia:
De los reportajes que aparecieron en aquellos programas, menos de uno de cada diez se ocupaban de temas relacionados con la educación, la economía, la política exterior, el Ejército, la seguridad nacional, la política interna o la seguridad social, áreas todas ellas en las que se gasta la mayor parte del dinero público.
Desafortunadamente, esta tendencia ha cruzado el charco y se ha trasladado a España. Lo que ha quedado del género más importante del periodismo son formatos como Españoles por el mundo, de TVE, A Fondo, realizado por reporteros de Antena 3, Diario De, de Telecinco, o Callejeros, un éxito de Cuatro.
Nuestra televisión se nutre de formatos como este. ¿Qué papel de vigilancia ejercen los medios mostrándonos una boda gitana, las mansiones de los ricos, los barrios marginales de nuestras ciudades o el retrato de los adictos al sexo?
Llegados a este punto, es necesario remarcar que una de las causas de este fenómeno son las grandes fusiones de los medios de comunicación. Como afirmaba Rifka Rosenwein, “concentrar la mayor parte de la capacidad para producir y distribuir noticias e ideas en cinco o seis empresas mediáticas con una enorme disparidad de intereses plantea todo tipo de problemas”.
Esta enorme competencia por llegar antes que los demás provoca que los reporteros tengan mucho menos tiempo para trabajar en una verdadera investigación. Como consecuencia de ello, proliferan en televisión las vidas de adictos al juego o víctimas del tabaco, historias que solamente intentan captar la atención del telespector.
¿Cuál es la solución para combatir este sistema? ¿Cómo puede el periodismo recuperar su papel principal? Las primeras medidas adoptadas nos llegan de nuevo del otro lado del mundo.
Charles Lewis, ex productor del programa 6O minutos de la CBS, fundó el Center for Public Integrity de Washington frustrado ante las presiones que le obligaban a producir más reportajes de entretenimiento y a desechar aquellos otros que exigían más tiempo y esfuerzo. Este nuevo periodismo independiente, que trabaja sin la presión de los índices de audiencia, tiene otros ejemplos como el Found for Investigative Journalism, que concede becas a reporteros freelance que trabajan “sin la protección y respaldo de los grandes medios informativos”.
¿Recuperará el periodismo de investigación su auténtica labor? Es difícil contestar a esta pregunta, porque los combatientes a este nuevo fenómeno que pone en peligro la verdadera investigación luchan contra un potente sistema económico establecido.



